des. 5 2009

¿En qué planeta viven los anticristianos?

Dicen ser laicistas, es decir, “que defienden la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa” (DRAE) pero es mentira.

Desde que cursé quinto curso de EGB hasta salir del Instituto siempre fui a centros públicos. Jamás hice una sola hora de clase de religión. Jamás vi un crucifijo en ningún aula. Jamás una misa en el colegio o instituto.

Antes al contrario. En los colegios públicos se ha sacado a los niños a la calle sin permiso de sus padres para manifestarse contra Aznar que no por la paz, mientras se hace la vista gorda a las guerras de Zapatero, sus relaciones con criminales, la dádiva de privilegios, las violaciones de los derechos civiles, la ruina económica y social de un socialismo trasnochado, … Algunos perjudican la educación pública por su sectarismo y visceralidad.

Pero volviendo al odio a los cristianos, ¿en qué planeta viven? Cuando anuncian la retirada de crucifijos de los institutos, ¿a qué institutos se refieren? ¿O es sólo para tener el odio visceral de su parroquia bien alimentado?

Poniendo la mirada positiva, en realidad vemos un avance, o como diría Ballesteros o el propio Zapatero, han “ampliado derechos” -sic-.

Y es cierto, hace setenta años fusilaban a monjas y niños en las cunetas y ahora tan sólo amenazan con retirar crucifijos inexistentes.

Hay que reconocer que van mejorando.

Ayer vi la película “Luna Nueva” en la que unos vampiros tienen una amiga humana y reconocen que les cuesta mucho aguantarse y no comérsela. Supongo que a los progresistas les debe de pasar lo mismo con los cristianos: se los comerían pero se controlan. En realidad se conforman con chuparles la sangre.

Pero lo realmente importante es que mientras se habla de crucifijos despistan la atención de los miles de barracones en colegios que van aumentando; despistan la atención de los padres que no pueden elegir la educación de sus hijos -el derecho de pernada educativo-; despistan la atención de los padres que tienen que hacer kilómetros para llevar a sus hijos al colegio porque en el colegio de al lado de su casa no tienen “puntos”.

Y despistan la atención de una educación nefasta que condena a muchos a la miseria y al socialismo. Valga la redundancia.


set. 25 2009

Irving Kristol

Sé que normalmente el tono de este blog es radical.

Hay gente que va al fútbol a desgañitarse con el árbitro y yo escribo en mi blog para supongo que lo mismo.

También para probar nuevos estilos, como el compositor que mezcla escalas orientales o el pintor que evita usar un punto de fuga.

Y también para demostrar, por qué no, que fuera de la Izquierda también podemos echar espumarajos por la boca.

Pero ha llegado el momento de cambiar.

Llevo tiempo dándole vueltas a cómo girar la orientación de esta bitácora.

De momento, os presento un texto, traducido, encontrado via Nihil Obstat: La mort d’un extrotskista [ca] que a su vez se refiere a una sorprendente necrológica en Le Monde: Irving Kristol, fondateur du néoconservatisme américain [fr]:

Irving Kristol ha trazado su propio viaje intelectual y político en estos términos: “Yo fui trotskista porque había buenas razones para ser trotskista; yo fui de Izquierdas porque había buenas razones para serlo; yo soy conservador, porque hay buenas razones para ser conservador. ”

Pero los fracasos sucesivos le habían hecho un conservador como ningún otro. No fue uno de los nostálgicos del pasado, perdido en el culto de la tradición y partidario de una vuelta atrás, sino un conservador abierto al futuro y compatible con la democracia moderna, que ha hecho prevalecer en el campo republicano su bagaje de antiguo marxista y antiguo demócrata de izquierdas.

Esta biografía intelectual fuera de lo común, que Irving Kristol compartía con algunos de sus contemporáneos, ha inspirado a un pensador socialista americano, Michael Harrington, quien forjó la expresión de moda de “los neoconservadores”. Diseñado originalmente como un término peyorativo ha sido aceptado por Irving Kristol, que definió a un neoconservador como “un liberal abofeteado por la realidad.”