Analizando la distribución política queda claro que ni los ricos ni los pobres se organizan en la escena política española.
Leía recientemente que en España había 750.000 ricos. Convenientemente organizados podrían disponer de una representación parlamentaria de unos 20 diputados, los mismos que CiU, PNV i ERC y quitando 13 escaños al PP y 7 al PSOE (sin tener en cuenta que ya votan).
Seguramente podría aplicarse la misma fórmula a otros colectivos o “minorías” según raza, religión, orientación sexual o procedencia geográfica.
Sin embargo, y pese a que la Izquierda intenta obtener los votos de cualquier minoría habida y por haber, la gente vota fundamentalmente en dos ejes:
- el eje nacionalista en las regiones con impulsos más identitarios;
- el eje izquierda-derecha entre la gente que ve la política como un control absoluto desde el Estado o la gente que ve la política como la gestión del bien común a partir de la libre iniciativa individual.
Por supuesto y teniendo en cuenta la importancia de los partidos políticos en nuestra democracia, sería mucho más efectivo para “los ricos” hacerse con los mandos de ambos partidos. Aunque eso sí que necesitaría de una enorme organización.
