No había bajado el poder adquisitivo de los pensionistas desde los tiempos de Felipe González y su ingeniería financiera para subir las pensiones menos que la inflación.
Pero ha llegado un político demagogo, derrochador y redentor como Zapatero para volver a hacerlo.
Subidas en impuestos al ahorro, a la vivienda, al trabajo y al consumo han conseguido rodear a todo hijo de vecino para pagar más y que Zapatero pueda gastar más.
Subidas en el IRPF superiores a la revalorización de las pensiones, sablazos a los planes de pensiones privados y, sobre todo, un alza en ciernes del impuesto al consumo nos dejan un panorama en el que todos, trabajadores y pensionistas, tendremos que apretarnos el cinturón.
Como la era de Internet ha traído un montón de transparencia e información libre y descontrolada, andan todos los cargos socialistas algo mosqueados, no porque la gente lo pase cada vez peor, no, sino porque tienen que dar explicaciones. Y no las tienen.
De ahí la nueva mentira en forma de consigna: subiremos los impuestos a los ricos.
Una consigna que no devolverá la esperanza a los que han perdido su hogar, su empleo o su empresa.
Una consigna que no devolverá el poder adquisitivo a las viudas y pensionistas.
Es una consigna que sirve tan solo para que los altos cargos socialistas tengan la conciencia tranquila y piensen “contra los ricos estamos”. Aunque ellos sean una parte importante de “los ricos”.
Lo raro es que no lo hayan adornado con un “y por el Planeta”.

Ser rico implica dos premisas: ser malo, formar parte de la malignidad humana, y ser objeto de críticas constantes. El ataque al rico es algo bueno y ya desde tiempos antiguos, odiarlos era habitual. Incluso en el Evangelio se nos indica ya esta posición moral de los afortunados con la riqueza.
Tanto el cristianismo como el socialismo (y comunismo) se han identificado al pobre como bueno, como paradigma de bondad. Ser pobre y bueno es lo más normal. Ser rico y maligno, es también normal y cientos y miles de mitologías, cuentos, tradiciones y leyendas nos lo evidencian. Sesde el punto de vista comunista, la riqueza también fue extendida al burgués, al tendero, al que puede controlar los mínimos medios de producción. La crítica más atroz la tiene el “botiguer català”, aprendiz de rico y ser abominable por naturaleza, contrario a las maravillosas intenciones de quien se preocupa de todos, de las clases desfavorecidas. El pequeño empresario, párbulo de riqueza, es el paradigma del egoísmo individualista.
Estas falacias, estas premisas erróneas, han contaminado y contaminan el concepto de “rico”, “empresario”, “capitalista” y “botiguer”. Éste último con cierto desprecio ulterior.