¿Quién manda en Tarragona y en la EMT?

Tras un periodo de un liderazgo muy marcado, las organizaciones humanas suelen a tender a etapas más grises y menos exigentes consigo mismas. Es lo que pasó con el liderazgo de Aznar que catapultó la posición internacional de España en el mundo y que se vio sustituido por un melifluo zapaterismo de expresiones vacuas y sinsentido y unos resultados desoladores.

En Tarragona ha pasado algo parecido. Después de 18 años de tener un enfant terrible de alcalde, que todo lo fiaba al instinto y a la inteligencia y que incluso osaba enfrentarse al, por aquel entonces, archipoderoso Jordi Pujol, Tarragona se echó en brazos de nuestro Zapatero local. Concejal desde el Mundial del Naranjito, a Josep Fèlix Ballesteros nunca se le había oído rechistar. Tan es así que, pese a haber gobernado la ciudad como concejal de deportes, asegura en un vídeo reciente de autobombo desconocer la existencia de los skaters. Se ignora lo que debió hacer en los años en que gobernó, pero podemos estar seguros de que a la sede del PSC nadie va en monopatín.

Tenemos pues, sendos presidente de gobierno y alcalde, que todo lo fían a calzarse unos trajes caros, a un cambio de peinado y a vestir una permanente sonrisa. De los equipos de los que se rodean, mejor no hablar.

¿Se refleja ese perfil de político relativista en la gestión diaria? Por supuesto.

Recientemente, amanecía este rotativo con la noticia de la censura de una campaña publicitaria por parte del gobierno municipal. La campaña daba cobertura a determinadas posiciones ideológicas (¿y qué campaña no la da?). Pero como son posiciones contrarias a los intereses del partido del alcalde… ¡tijeretazo!

¡Qué fácil sería para mí hacer referencia a tiempos pasados!

Por supuesto, hay que vender la imagen de que no se censura aunque sea cierto. Solución propagandística: la censura no es del ayuntamiento, es de la empresa que explota el soporte publicitario de la EMT. Y la empresa lo hace sin encomendarse ni a Dios ni al Partido Socialista. ¿Será que saben con quién tratan y no necesitan instrucciones?

La consigna logra matar dos pájaros de un tiro: el Partido Socialista no censura y sí lo hace una empresa. ¡Maldito mercado! ¡Arriba el Socialismo!

Pero es que resulta que en la EMT no manda ninguna empresa publicitaria. En la EMT manda, o al menos debería, el gobierno municipal elegido por los ciudadanos. Manda incluso aunque defienda únicamente los intereses del partido.

Para poner el broche, el concejal Carlos Castillo se adorna con un “objetivamente la estética es fea”. Para los socialistas las estéticas son objetivas. ¿Por qué no? si las salvajes subidas de impuestos con las que nos castigan son subjetivas…

Vaya, que nos gobierna el relativismo más absolutista.

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