oct. 27 2009

Estar en la UE nos puede salvar pero nos puede hundir más

En el lado positivo, Francia y Alemania empiezan a salir de la crisis. En la bota, Italia sigue siendo Italia. En el infierno, España se hunde cada vez más y las decisiones en política económica son un desastre.

¿Qué política seguirá el BCE?

¿Ayudar a España y lastrar la recuperación de F&A?

¿O confiar en los motores de Europa y abandonar a su suerte a Zapatero y su dogmatismo?

Tocar los tipos de interés puede ser mortal para una España socialista. Claro que a lo mejor no tocarlos también.

Por supuesto, estar en la UE no sirve de nada si no se evitan los excesivos sinsentidos de Zapatero y el engorde artificial de las cuentas públicas.

Siendo así, ¿le conviene a la UE que la España de Zapatero forme parte?

Ya veremos. Vienen curvas.


oct. 25 2009

¿Quién manda en Tarragona y en la EMT?

Tras un periodo de un liderazgo muy marcado, las organizaciones humanas suelen a tender a etapas más grises y menos exigentes consigo mismas. Es lo que pasó con el liderazgo de Aznar que catapultó la posición internacional de España en el mundo y que se vio sustituido por un melifluo zapaterismo de expresiones vacuas y sinsentido y unos resultados desoladores.

En Tarragona ha pasado algo parecido. Después de 18 años de tener un enfant terrible de alcalde, que todo lo fiaba al instinto y a la inteligencia y que incluso osaba enfrentarse al, por aquel entonces, archipoderoso Jordi Pujol, Tarragona se echó en brazos de nuestro Zapatero local. Concejal desde el Mundial del Naranjito, a Josep Fèlix Ballesteros nunca se le había oído rechistar. Tan es así que, pese a haber gobernado la ciudad como concejal de deportes, asegura en un vídeo reciente de autobombo desconocer la existencia de los skaters. Se ignora lo que debió hacer en los años en que gobernó, pero podemos estar seguros de que a la sede del PSC nadie va en monopatín.

Tenemos pues, sendos presidente de gobierno y alcalde, que todo lo fían a calzarse unos trajes caros, a un cambio de peinado y a vestir una permanente sonrisa. De los equipos de los que se rodean, mejor no hablar.

¿Se refleja ese perfil de político relativista en la gestión diaria? Por supuesto.

Recientemente, amanecía este rotativo con la noticia de la censura de una campaña publicitaria por parte del gobierno municipal. La campaña daba cobertura a determinadas posiciones ideológicas (¿y qué campaña no la da?). Pero como son posiciones contrarias a los intereses del partido del alcalde… ¡tijeretazo!

¡Qué fácil sería para mí hacer referencia a tiempos pasados!

Por supuesto, hay que vender la imagen de que no se censura aunque sea cierto. Solución propagandística: la censura no es del ayuntamiento, es de la empresa que explota el soporte publicitario de la EMT. Y la empresa lo hace sin encomendarse ni a Dios ni al Partido Socialista. ¿Será que saben con quién tratan y no necesitan instrucciones?

La consigna logra matar dos pájaros de un tiro: el Partido Socialista no censura y sí lo hace una empresa. ¡Maldito mercado! ¡Arriba el Socialismo!

Pero es que resulta que en la EMT no manda ninguna empresa publicitaria. En la EMT manda, o al menos debería, el gobierno municipal elegido por los ciudadanos. Manda incluso aunque defienda únicamente los intereses del partido.

Para poner el broche, el concejal Carlos Castillo se adorna con un “objetivamente la estética es fea”. Para los socialistas las estéticas son objetivas. ¿Por qué no? si las salvajes subidas de impuestos con las que nos castigan son subjetivas…

Vaya, que nos gobierna el relativismo más absolutista.


oct. 19 2009

Cuando la vida no vale nada en Venezuela

Por el apego personal tan especial que le tengo a Venezuela y vía Martha Colmenares, copio un artículo que puede ser de interés.

No lo verán en los telediarios pues tiene mucho más morbo lo que pase en algún high school americano.

Cuando la vida no vale nada

Ana María Valeri

A mi empleada doméstica esta semana le mataron a su hijo. Fue en El Valle. A balazos. Así, como quien mata un animal. Le dieron unos balazos y lo dejaron tendido en el piso. El muchacho tenía veintidós años, vivía con una jovencita y tenía una hija de año y medio. Trabajaba de lunes a sábado y pensaba mudarse de la zona porque varias veces habían intentado robarle la moto que era su única propiedad. A su madre le dijeron que su hijo estaba desaparecido hacía tres días. Ella y sus familiares recorrieron hospitales con la esperanza de encontrarlo, puesto que pensaban que habría tenido algún accidente de tránsito. Nada. Alguien decidió ir a la morgue y preguntar. Allí estaba. De allí avisaron a su madre. Le entregarían el cadáver después de su reconocimiento.

El velorio fue terrible. Hubo que recoger dinero entre familiares y conocidos para enterrarlo. Diez millones y tiene derecho a enterrarse, si no, no hay manera. No hay donde sepultar un hijo que yace sin alma junto con el alma de una madre desgarrada por el dolor. Diez millones o nada. Más adelante habrá que pagar lo que se debe a quienes se compadecieron y prestaron la plata para la sepultura del muchacho.

No hay culpables. No se sabe. Y no pensamos que se sabrá. Será una carpeta más en el archivo criminal de algún organismo del Estado. Caso cerrado. Solo se sabe de la sangre que quedó en las escaleras del cerro. Manchadas con la vida de uno más. Y el agua las borrará dentro de poco. Las huellas de los que trepan a diario las escalinatas se llevarán lo que quedó de un cuerpo baleado. Fin de la historia.

Y con el comienzo de otra semana se escribirán con sangre nuevas historias de muertes, de balas, de cuchilladas, de robos, de secuestros, de zozobras.

Pero terribles no son solo las muertes, lo desgarrador de las tragedias, las realidades que parecen cuentos de terror. Terribles son también los padecimientos de quienes sobreviven a tanto dolor, a tanto sufrimiento, a tanto desconsuelo. Y peor aún es acostumbrarse a conocer todos estos hechos y vivir sabiendo que no hay quien haga nada para solucionar la situación que nos agobia, que acaba con nuestros nervios y con nuestra estabilidad.

Estoy más que segura que si se preguntase qué es lo que más ansiamos los venezolanos la respuesta sería: Vivir. Probablemente no habría que decir que se desea una vivienda mejor, un carro, educar a los hijos, ser rico. No, con toda seguridad imagino que la respuesta rondaría algo más básico, más instintivo, más primitivo: Vivir.

Vivir envuelve planes. Estudiar, trabajar, enamorarse, tener hijos, tener un techo propio, divertirse, disfrutar con los amigos, hacer lo que se quiere, cuando se quiere, como se quiere. En paz. No en medio de la guerra. Con la piel erizada pienso que no hay nada peor que vivir con la angustia de quien vive en un país en guerra. Solo que –imagino- en la guerra se apunta al blanco y se lanza una bomba para destruir el objetivo del enemigo. En nuestro país pareciera que todos somos enemigos. La guerra es contra quien camina en la calle, va a trabajar, habla por celular, se monta en su carro, duerme o ve televisión en su casa.

La guerra es los días laborables, los fines de semana, los días de fiesta. La guerra es en las noches y durante el día. La guerra es siempre. Los muertos son siempre. Y las calles se anegan de lágrimas y de rabia. Y no se hace nada. Sucede que el gobierno no hace nada. Sucede que nos enseñan que la vida no vale nada.

anamariavaleri@gmail.com

El Universal

Sábado 17 de octubre

Vía: Martha Colmenares: Cuando la vida no vale nada

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