A veces es conveniente ponerse a pensar en la visceralidad de la Izquierda.
Sí, lo sé, suena a sinestesia filosófica.
¿Por qué odia la Izquierda a los empresarios y autónomos?
A veces parece que si no eres de izquierdas defiendas a los más multimillonarios del mundo que, curiosamente, suelen decirse de izquierdas.
Pero, ¿cuál es la razón?
La razón es que en su concepción del mundo no cabe que alguien que no sea la nomenclatura, el partido, el aparato cree ningún puesto de trabajo.
En la utopía socialista todo debe ser controlado por un poder central, único.
Para mí, la creación de un puesto de trabajo debe ser una relación libre entre dos personas, contratador y contratante.
Para el Socialismo, la creación de un puesto de trabajo es un número más en un plan; es una decisión política al servicio de los intereses de partido.
Durante el Zapaterismo, la masa salarial pública ha crecido un 40%. Montones y montones de cargos de partido, asesores y enchufados que no nos aportan ningún servicio.
Mientras cinco millones de personas que querrían trabajar no encuentran un empleo.
No es casualidad.
En su Plan Utópico, esos cinco millones de personas deberían ser cargos del Partido.
Sólo les falla un detalle. El detalle que derribó el Muro de la Verguenza.
¿Quién va a pagar las facturas?
