Invertir en educación en tiempos de crisis
Esta mañana he tenido una apasionante conversación con una persona que se autodefine como cristianodemócrata conservadora moderada.
Me comentaba como las organizaciones de asistencia social empiezan a sentirse desbordadas y que, en lugar de gastarse el dinero en arreglar parques y jardines, el gobierno debería gastarlo en asistencia social a desfavorecidos: comedores sociales, albergues, asistencia jurídica y psicológica, etcétera.
Desde mi punto de vista, y así le he respondido, creo que es mejor la estrategia de José Luís Rodríguez Zapatero de invertir en obra pública (Keynesianismo mesetario invasor de competencias que dirían algunos si gobernara el PP).
Mejor que darle a alguien comida o albergue por ser pobre, facilitarle el acceso a un empleo y que se los procure por sí mismo. Una de las frases que llevo oyendo en el PP desde que me afilié es la de que la mejor política social es la que crea empleo.
También le he comentado, al hilo de mi anterior entrada acerca de la iniciativa No Child Left Behind, que creía que mejor que invertir en vallas y construcciones de parques y jardines, era mejor invertir en educación.
Su respuesta, realista a más no poder, apela al cortoplacismo democrático: invertir en educación no nos sacará de la crisis ahora; es algo que teníamos que haber hecho con las “vacas gordas”; y ningún político invertirá en educación pues no da réditos electorales.
Añadir a eso que a la Izquierda sectaria acrítica no le interesa aumentar el aumento intelectual de “las masas” (Marx dixit) y nos encontramos donde nos encontramos, con los profesores manifestándose por cualquier cosa excepto por la educación y los sindicatos manifestándose por cualquier cosa excepto por el empleo y contra el PSOE paro.
Ante tal argumento, apenas dos respuestas:
- no es verdad que todos los políticos sean cortoplacistas todo el tiempo (así les va)
- cualquier momento es bueno para hacer una cosa buena
