Se llama votar con los pies al fenómeno ciudadano que se da cuando los efectos migratorios contradicen a los resultados electorales.
Ceñido a los Estados Unidos, país en el que la gente tiene una mayor movilidad geográfica, se da en los movimientos de gente que se va de estados en los que haya ganado uno de los dos grandes partidos a estados en los que haya ganado el otro partido.
Mayoritariamente suelen ser migraciones de estados demócratas a estados republicanos.
En España está pasando algo parecido.
Una inmensa mayoría de ciudadanos, y en especial en Cataluña, han dado su apoyo al proyecto político del Partido Socialista.
Sin embargo, la mayoría de esos ciudadanos le han dado la espalda a ese mismo proyecto en las decisiones más meditadas, en esas que no se heredan.
Mucha gente “vota socialista” porque “mis padres son socialistas” o “yo soy socialista” (léase “obrero” -sic-, “de izquierdas” -recontrasic) o, aún -requeterrecontrasúperacalifragisic- “¿pa’ votar a Felipe donde é?”. Lo mismo pasa con el PP aunque me temo que con muchas menos vehemencia.
Sin embargo, nadie espera a cambiarse el coche “porque mi padre esperaría“, ni mucho menos.
Las decisiones en la mesa camilla, esas que tomamos las familias, en libertad e intimidad, no está dando su apoyo al proyecto político del Partido Socialista.
La misma gente que votó por la no-crisis de ZP, ahora le está dando la espalda totalmente al presidente del Gobierno en sus decisiones cotidianas.
Casi nadie confía en que Zapatero sea capaz de sacar a España de esta crisis.
Es cierto que la inigualable capacidad de propaganda de la Izquierda va a engañar a mucha gente. Conseguirá que muchos crean que es una crisis debido a la falta de control, la poca intervención política, el liberalismo, el capitalismo o, en definitiva, la Derecha.
Pero la propaganda es enemiga de la más importante de las políticas sociales: la creación de empleo.
¿Seguirá ganando la propaganda, la mentira y la manipulación?
La sombra de los precedentes hispanoamericanos planea sobre la Madre Patria.
