El concepto de propiedad intelectual que ha conseguido extender por toda Europa la Izquierda ha pervertido la esencia de un derecho que debe ser fundamental:
Habiendo ejercido mi libertad en el pasado para crear una pieza intelectual, tengo derecho a no ser desposeído del fruto de mi esfuerzo.
Dicho de otra manera:
Si me roban en el futuro el fruto de mi esfuerzo pasado es como si me esclavizan en el presente.
En España, como en tantas otras cosas, la Izquierda ha aprovechado su impunidad mediática y educativa para mostrar su lado más tirano.
Han logrado, con la excusa de proteger la propiedad intelectual, violar la propiedad privada y el derecho a la presunción de inocencia.
Lo que no podemos hacer desde el PP es declararnos en contra del cánon y ya está.
La creación de varias agencias para la protección de la propiedad intelectual es una cosa positiva. Lo malo es dejarlas en manos de la Izquierda. O de la clase política en general.
Que conste que cuando hablo de propiedad intelectual, no hablo de ideas, hablo de creaciones: ponerle un asa a un cubo no es propiedad intelectual; diseñar una máquina que pone asas a cubos de manera eficiente y equilibrada siguiendo unos procesos concretos sí lo es.
Si un mago crea un número de magia y quiere cobrar unos royalties por él calculados, tiene todo el derecho a apuntarse a una agencia que le asegure que los magos que utilicen su número de magia le paguen los royalties en las condiciones acordadas por ambas partes (creador y explotador).
Lo mismo para el cantante que quiere regalar su CD a la entrada de un concierto o pagar para que le transmitan su canción por la televisión.
La misión fundamental del Estado es garantizar que se cumplan los contratos (siempre que éstos sean libres y no sean abusivos para ninguna de las dos partes) no intervenir en ellos provocando daños “colaterales” que no benefician a nadie.
Y para que no se diga que no me mojo creo que deberíamos eliminar la figura del derecho de copia para uso privado. La posibilidad de copiar un contenido debe ser negociable entre ambas partes.

¿Eliminar el derecho a copias privadas? O sea, que el disco de las sinfonías de Mozart en mp3 que llevo en el coche (lógicamente, si no es en este formato, no me cabrían todas en un solo disco) no debería ser legal. Pues no lo entiendo.
Yo lo que creo es que el formato audio y video tradicional está anticuado, y los artistas deberán financiarse a través de la publicidad. Si las discoráficas no quieren o no saben evolucionar, no es la culpa de los consumidores.