oct. 31 2007

Liberales, conservadores, socialistas y la agresión del Metro

Una vez calmadas las aguas tras la tormenta verano-mediática de la semana, pienso acerca del incidente del sujeto que agredía “por deporte” a una chica en el Metro. Incidente que por supuesto ha inundado las sábanas con sus correspondientes ríos de tinta y colapsado las ondas con las diatribas de los correspondientes expertos en todo de las tertulias de turno.

Como la verdadera sabiduría está en las tertulias de café, uno de los comentarios más oídos ha sido el que se pregunta por qué el resto de pasajeros del vagón no acude en socorro de la chica.

Entre las versiones de café se pueden encontrar los dos extremos:

  1. Yo me hubiera metido a defender a la chica aunque me jostien.
  2. Yo no me meto a defender a la chica ni jarto de vino.

Ante la segunda surge el rumor, que no he podido confirmar, de un chico que se metió a defender a una chica y acabó muerto.

En los medios, no he oído ni leído, sin embargo, ningún comentario que culpe al verdadero responsable: el Estado.

Por una parte, el Estado nos quita la mitad de nuestras vidas nuestro dinero con la promesa de protegernos.

Por la otra, el Estado nos deja tirados a la mínima de cambio, al treceavo primer socavón del destino.

¿Qué debió pensar el pasajero que no ayudó a la chica agredida? “Si ya pago mis impuestos para que el Estado nos proteja, que nos proteja el Estado. A mí no me parten la jeta por la incompetencia del Estado.”

El problema es que el Socialismo el Estado nos promete defendernos pero a la hora de la verdad no cumple.

Es más, consigue un perverso efecto: a la par que el Estado recorta nuestra libertad y no garantiza nuestros derechos, destruye los valores morales de la sociedad.

Antaño, cualquier caballero se hubiera batido en duelo contra semejante canalla capaz de agredir a una mujer. Ahora dejamos la protección de los débiles en manos del incompetente Estado.

A más Estado, menos principios y valores, menos solidaridad, menos compañerismo, menos civismo, menos cortesía y más violencia y más abusos contra los débiles.

Por estas razones, los conservadores, lejos de pretender una mayor intervención del Estado en los asuntos morales y de convivencia, deben abogar por un Estado mucho más limitado y menos intervencionista.


oct. 29 2007

Los chascarrillos de Alfonso Guerra

Este fin de semana Alfonso Guerra ha vuelto a abusar.

Le ha hecho un chascarrillo a Rajoy, que es un político serio y que sabe que no se lo va a devolver.

Y eso es abusar.

Como el débil que le pega a un fuerte porque sabe que, nobleza obliga, no se la va a devolver.

Alfonso Guerra no irá a la COPE a hablar con Federico ni con César Vidal porque sabe que ellos sí que se lo devolverían. (De ahí el odio infinito a la COPE)

¡Cobarde!

El vicepresidente del gobierno del Crimen de Estado Gobierno hizo el chascarrillo mencionando a un primo propio en referencia al comentario que Rajoy hizo del primo, de Rajoy, y el cambio climático.

Por otra parte, debo reconocer que con el PP se pueden hacer chascarrillos.

Aunque Rajoy no puede hacer chascarrillos porque:

  1. Es un político serio.
  2. Con el PSOE no se pueden hacer chascarrillos porque el PSOE no hace gracia. Todo lo contrario.

Por otro lado, Alfonso Guerra tiene que hacer chascarrillos con el PP porque con el PSOE no puede.

¿De qué iba a hacer broma?

¿De cuando el hermano del propio Alfonso Guerra abusaba de su posición para robarle a los españoles?

¿O de todas esas cosas que hizo el PSOE que no se cansa de condenar del franquismo pero que se olvida de condenar de sí mismo?

El PSOE no hace ninguna gracia. Ninguna. Todo lo contrario.


oct. 28 2007

¿Eres víctima de la manipulación terrorista?

A veces, sin darnos cuenta, caemos en la crueldad. Somos capaces de criticar o abusar de alguien indefenso porque el entorno así nos prepara o llegamos a proferir comentarios u opiniones sin tener ni idea de lo que hablamos o de quien hablamos.

Por eso es bueno enriquecer, fortalecer y consolidar los propios principios, convicciones, ideas y, por qué no, prejuicios.

La próxima vez que oigas una noticia o comentario acerca del terrorismo, ponte a prueba:

Haz el símil entre un atentado terrorista y una violación.

La ventaja de hacer dicho símil es que las violaciones no tienen, al menos en Occidente, ningún brazo mediático que las justifique.

El terrorismo se justifica principalmente en dos ámbitos: los contextos y los pretextos.

Los contextos:

En los atentados terroristas se alega demasiado frecuentemente que en el mundo hay pobres.

¿Justificarías una violación por el hambre en el mundo?

¿Y si el violador fuera un inmigrante de un país pobre y la violada la hija de un multimillonario?

O las injusticias: los pobres ven a los ricos tirar comida a la basura y por eso les matan.

Me sorprende tanto esa afirmación como la que decía que los violadores se veían empujados a violar porque en la publicidad, en las vallas y en la tele las chicas salen cortas de ropa, son guapas, o vete tú a saber qué barbaridad.

Es decir, la intención de los justificadores del asesinato terrorista es que cale en las conciencias: “como estamos en un contexto de injusticia entre ricos que tienen mucho y pobres que no tienen nada, se cometen atentados terroristas“.

Sin embargo a nadie se le ocurriría sostener “como estamos en un contexto de injusticia entre guapos que ligan mucho y feos que ligan poco, se cometen violaciones“.

Los pretextos:

El famoso “algo habrá hecho“. Para justificar un atentado terrorista es importante poner un pretexto.

Para el terrorista puede ser cualquier cosa: el lugar de nacimiento de la víctima, trabajar en un determinado edificio, pensar de una determinada manera, creer en un Dios diferente, provocar con su españolismo, ser americano o judío o español o chií o suní, …

Para la violada, tres cuartos de lo mismo: unos tejanos muy ceñidos, una minifalda demasiado corta, un escote sugerente, un “iba pidiendo guerra“, …


La próxima vez que oigas alguna noticia acerca de cualquier terrorismo: póntelo, pónselo.