Liberales, conservadores, socialistas y la agresión del Metro
Una vez calmadas las aguas tras la tormenta verano-mediática de la semana, pienso acerca del incidente del sujeto que agredía “por deporte” a una chica en el Metro. Incidente que por supuesto ha inundado las sábanas con sus correspondientes ríos de tinta y colapsado las ondas con las diatribas de los correspondientes expertos en todo de las tertulias de turno.
Como la verdadera sabiduría está en las tertulias de café, uno de los comentarios más oídos ha sido el que se pregunta por qué el resto de pasajeros del vagón no acude en socorro de la chica.
Entre las versiones de café se pueden encontrar los dos extremos:
- Yo me hubiera metido a defender a la chica aunque me jostien.
- Yo no me meto a defender a la chica ni jarto de vino.
Ante la segunda surge el rumor, que no he podido confirmar, de un chico que se metió a defender a una chica y acabó muerto.
En los medios, no he oído ni leído, sin embargo, ningún comentario que culpe al verdadero responsable: el Estado.
Por una parte, el Estado nos quita la mitad de nuestras vidas nuestro dinero con la promesa de protegernos.
Por la otra, el Estado nos deja tirados a la mínima de cambio, al treceavo primer socavón del destino.
¿Qué debió pensar el pasajero que no ayudó a la chica agredida? “Si ya pago mis impuestos para que el Estado nos proteja, que nos proteja el Estado. A mí no me parten la jeta por la incompetencia del Estado.”
El problema es que el Socialismo el Estado nos promete defendernos pero a la hora de la verdad no cumple.
Es más, consigue un perverso efecto: a la par que el Estado recorta nuestra libertad y no garantiza nuestros derechos, destruye los valores morales de la sociedad.
Antaño, cualquier caballero se hubiera batido en duelo contra semejante canalla capaz de agredir a una mujer. Ahora dejamos la protección de los débiles en manos del incompetente Estado.
A más Estado, menos principios y valores, menos solidaridad, menos compañerismo, menos civismo, menos cortesía y más violencia y más abusos contra los débiles.
Por estas razones, los conservadores, lejos de pretender una mayor intervención del Estado en los asuntos morales y de convivencia, deben abogar por un Estado mucho más limitado y menos intervencionista.