Zapatero el trilero socialdemócrata
Es fácil auparse al poder apelando a los peores instintos de las personas: la pereza, la ambición o la envidia son fuerzas mucho más motivadoras que la razón, sobre todo cuando tus eslóganes electorales son “votar con todas tus fuerzas”, “motivos para creer” o “si tu no vas, ellos vuelven”.
También lo son argumentos poco trabajados intelectualmente pero muy bien amasados discursivamente como “subir el salario mínimo”, “subir las pensiones” o “subir los impuestos para repartir mejor la riqueza”.
Respecto al reparto de la riqueza que algunos gustan de medir con el coeficiente de Gini, no hace falta decir mucho más que siempre que gobiernan los socialistas, los muy ricos cada vez más ricos y los demás cada vez más pobres. Siempre.
Sin embargo, en referencia al aumento de la renta de pensionistas y las rentas más bajas es obligado moralmente denunciar el engaño de los socialistas en estos aspectos. Bajo esa aparente preocupación por las rentas más bajas se oculta un fraude.
Es obligado denunciar la falta de compromiso. Si un salario mínimo tiene poca renta disponible, se puede aumentar el tramo de la parte privada, obligar al jefe a pagarle más, o reducir el tramo impositivo, obligar al político a gestionar mejor. El problema es que muchos jefes, a diferencia de esos comunistas multimillonarios, a veces no pueden pagar más lo que les obliga a echar a gente a la calle o a cerrar el negocio. Cinco millones largos de parados son la prueba fehaciente.
Es obligado denunciar la falta de efectividad. Al no tener la necesidad de cambiar su modus operandi, pues la carga “social” se aplica únicamente sobre la parte privada, el Estado tiende a engordar de manera indefinida e ineficiente por lo que hay que subir impuestos de una manera u otra. ¿De qué sirve subir las pensiones o el salario mínimo si luego se sube el IVA, el IRPF, la luz, los peajes o cada uno de los trámites?
El empobrecimiento generalizado cuando gobiernan los socialistas no es casualidad. Está provocado por su errónea concepción de la naturaleza humana, por su falta de entendimiento de la economía y por su voracidad derrochadora en multitud de iniciativas lúdico-festivas por las que la gente no está dispuesta a trabajar.
El Muro de Berlín cayó por algo pero muchos siguen sin enterarse.